Alucinaciones...

Actualizado: 8 de jun de 2018

 

Clara

Acabo de recibir un wasap de un teléfono desconocido, entro y leo ''vas a sufrir''. Mi corazón se para y siento como me golpea el pecho, no conozco el número y tengo miedo. Eduardo está en casa, llevamos una semana sin hablarnos, pero esto es importante. Voy a la sala a buscarle, le veo leyendo un libro y no levanta la vista cuando me ve entrar.

 

Nadie me cree, estoy sola con mi enemigo

 

-¡Mira lo que acabo de recibir!- le doy el móvil y lo mira extrañado. Estoy nerviosa y no puedo disimular- ¡Es grave!

-No entiendo, ¿Qué es lo que se supone que tengo que leer? Aquí no hay nada.

Me devuelve el móvil y lo miro, tiene razón el mensaje acaba de desaparecer.

-Te juro que hace unos segundos un teléfono desconocido me ha mandado un wasap y me ponía ''vas a sufrir''.

- ¿No lo habrás imaginado? - me contesta escéptico- Yo solo he leído un mensaje que te ha mandado tu exnovio y precisamente no ponía eso.

Lo miro y leo ''Buenos días princesa''

-No lo había visto.

No dice nada y sigue leyendo.

Mi matrimonio está en las ultimas y yo estoy desesperada. Hace tan solo tres meses que nos casamos, teníamos que estar todavía de luna de miel y estamos al borde del divorcio. He fracasado, he vuelto a fracasar.

Mi relación con Eduardo fue muy repentina, él era el psiquiatra que me atendió cuando murió mi madre. Ella llevaba años encamada y me había dedicado exclusivamente a atenderla, me pasaba la vida en el hospital y al fallecer caí en una depresión, el mismo hospital me facilito ayuda y ahí fue cuando le conocí.

Para mí y teniendo en cuenta las circunstancias en las que me encontraba, fue amor a primera vista. No sé si fue porque me recibió con una sonrisa o porque simplemente me escuchaba. Es difícil que alguien te escuche las penas y aunque era su profesión me resultó sumamente agradable. Su voz me cautivo, cada vez que me hablaba me quedaba fascinada, era como si mi cuerpo reaccionara por primera vez en su vida.

También es cierto que su físico ayuda, es alto, moreno y de ojos negros, solo verle pensé que era muy guapo, e incluso me sentí cohibida a hablarle de mis problemas. Cuando salí de la consulta ya solo pensaba en volverlo a ver, contaba las horas para la siguiente sesión, tenía pensamientos impuros cuando estaba con él y fantasías sexuales. Nunca antes me había pasado algo así y mucho menos con mi novio Álvaro.

Llevábamos siete años juntos y nunca era el momento adecuado para tener relaciones sexuales. Mi relación con Álvaro fue un error desde el principio, eso es algo que he sabido siempre y cuando conocí a Eduardo, me dí cuenta que tenía que terminar esa relación. Pero no lo hice, no era capaz. Reconozco que soy una cobarde y sobre todo en cuanto Álvaro se refiere, con él siempre me siento culpable.

Al final Eduardo se enteró de su existencia y me dejó. Entonces me dí cuenta que iba a perder al amor de mi vida, sino me enfrentaba a mis miedos. Hice acopio de valor y me enfrenté a él.

Álvaro se lo tomo muy mal, pero al final lo aceptó. Eduardo en aquella época no me hablaba, cuando se enteró se enfadó conmigo, le había engañado y me dijo que no le gustaban las mentirosas. Yo le dije que la situación era muy complicada y que me perdonase. En el fondo no le había engañado con él, ya que durante el tiempo que habíamos estado juntos, no había tenido relaciones sexuales con Álvaro.

No sé porque me perdono, en ese momento me dijo que me creía o me quería creer. Nos casamos y parecía que lo nuestro podía tener un futuro, hasta que hace una semana me llamó Álvaro y dijo que quería verme. Quedamos en una cafetería céntrica para tomar un café. Le note muy tranquilo, mucho más de lo que era cuando estábamos juntos.

Yo no se lo conté a Eduardo, todavía no sé porque no lo hice. Pero la verdad es que no pasó nada. Álvaro solo me pidió perdón por todas las cosas que me dijo el día que terminamos y me deseo que fuese feliz.

Al despedirnos, me dio un pequeño regalo, unos caramelos que me compraba cuando empezamos a salir.

- Eran tus preferidos.

-Gracias, lo siguen siendo.

Me tendió la mano.

-Amigos- yo se la estreche, era lo que más quería. De verdad le deseaba lo mejor. Yo era feliz y quería que él también lo fuese.

Al salir de la cafetería me encontré con Eduardo, me sorprendí al verle, estaba convencida que estaba en el hospital. Me puse nerviosa y fue Álvaro quien rompió el hielo, se presentó y le dijo que tenía mucha suerte de estar conmigo.

A mí, me sorprendió su comentario. A Álvaro realmente le ví muy cambiado, le sonreí y cuando nos quedamos solos, Eduardo me fulminó con la mirada.

-Te ves con el- me dijo.

-No, no me veo, solo hemos hecho las paces, nada más. Mucho mejor así, antes me sentía mal con él.

- ¿Mal con él?, curioso, no sé dónde quedo yo, en todo esto.

-Me enamoré de tí, creo que está claro.

Me mira y no me dice nada. No puedo ni explicar lo que siento por Eduardo, le quiero tanto que a veces pienso que me voy a volver loca, tengo miedo de que se enfade conmigo o que me deje. Tengo una dependencia total hacia él, y sobre todo sexual. Me vuelve loca.

Hoy está enfadado y no va a querer tener sexo, se va a poner a leer y me va a ignorar el resto del día. A mí es algo que me enloquece, al final acabo suplicándole y es un martirio.

Estamos cenando y no me mira.

- ¿Has tenido mucho trabajo? - le pregunto cambiando de tema.

No me contesta.

Le sigo haciendo preguntas hasta que al final me pongo a gritar.

- ¡Dime algo! ¡No soporto tu indiferencia! ¡Me estoy volviendo loca!

-Ahora quieres hablar, podíamos haber hablado ayer, por ejemplo. Me podías haber dicho que ibas a quedar con Álvaro, me ocultas cosas.

-¡Eso es mentira! no te lo he dicho porque era una tontería.

-Ya, bueno la verdad es que la culpa es mía, tenía que haberte dejado el día que me enteré que tenías novio. La verdad es que me engañaste por completo, jamás me hablaste de él y yo pensaba que con lo de tu madre y el trabajo, no tenías tiempo para nada más, está claro que no te conocía. Tu siempre tienes tiempo en tu apretada agenda. Voy a empezar a llamar a casa antes de salir del trabajo, lo digo para que te dé tiempo a que se vaya tu ex, paso de encontrármelo…

-¡Yo jamás haría algo así!

-Eres una mentirosa compulsiva, no te creo nada. Tienes cara de niña buena, pero ya no me confundes.

-¡Eduardo por favor! tú eres el hombre de mi vida, lo que siento por tí nunca antes lo había sentido por nadie. Con Álvaro nunca…

-No te creo, no te esfuerces y la culpa es mía. Nunca tenía que haberme liado con una paciente, ha sido el mayor error que he cometido, me acuerdo del día que te insinuaste en la consulta, ese día me tenía que haber dado cuenta de cómo eres. ¿Haces eso con todos los hombres?

¡-Me ofendes! No sabes el daño que me haces.

-No vayas de victima conmigo, aquí el estúpido soy yo. Pero tranquila yo no me voy a quedar atrás. Si es eso lo que quieres, yo también puedo quedar con mis antiguas amigas, tengo unas cuantas que lo están deseando.

- ¿Que has dicho? ¡No puedes hacer eso!

- ¿Y porque no? Tu misma me has dicho que era una tontería.

Lloro, ahora mismo me quiero morir. Lo último que quiero es que se vaya con otra, pero solo de pensar que no voy a volver a estar con él, me muero.

-Si eso es lo que quieres- le digo- Hazlo, lo entiendo, es normal que quieras estar con otras mujeres.

- ¿Te parece normal? - me pregunta extrañado.

-Yo no quiero perderte, te quiero, te quiero mucho.

-Siempre me dices lo mismo, que me quieres y que no vas a volver a mentirme. Al día siguiente lo vuelves hacer. Me tienes harto, límpiate esas lágrimas, ahora mismo no me dan pena.

Se levanta y me deja sola. Desde entonces no me habla y por supuesto no nos acostamos. No sé qué hacer para acercarme a él, para que me perdone.

Cuando se enteró de lo de Álvaro me dejó, rompió conmigo y me prohibió acercarme a él. Sé que durante esa época él estuvo con otras mujeres, yo no quería arrastrarme, pero no me lo podía sacar de la cabeza. Así que volví como paciente, al principio me trató cómo si no me conociese de nada y luego me dijo que no podía ser mi psiquiatra.

-Búscate otro médico Clara, no estoy capacitado para tratarte. Es mejor que no nos volvamos a ver.

Me puse a llorar, tanto que me quedé sin agua, no podía dejar de llorar.

- Me estoy volviendo loca- le dije- Es que tú no lo entiendes, solo te quiero a ti. Te juro que mi relación con Álvaro estaba muerta antes de conocerte y si no te lo conté fue por miedo. Nunca antes me había pasado una cosa así.

Ese día me perdono, acabamos haciendo el amor en la mesa de su consulta y solo terminar me dijo que el sentía lo mismo por mí.

Le pregunte si había alguien más en su vida y si con alguna de esas chicas tenía algo serio.

-No, es solo sexo casual, nada más.

- ¿Nunca has tenido novia?

-Sí, hace años estuve con una chica, fue una relación larga, estábamos a punto de casarnos cuando falleció.

Me lo dijo como si tal cosa, sin darle mucha importancia.

-Nunca me lo habías contado.

-No hay mucho que contar.

- ¿Y cómo murió?

-De un accidente de coche.

- ¿Ibas con ella?

-No, yo estaba trabajando en el hospital cuando me llamaron para darme la noticia.

-Qué horror y como se supera algo así.

-La vida sigue Clara, ella murió, yo no – me dijo fríamente

- ¿La querías mucho?

-Pensaba casarme con ella, me imagino que, si la quería. Ahora pienso que no era la indicada- me dijo mientras me tocaba la cara

-Sé que me voy a arrepentir de todo esto- me dijo- Pero me gustaría pasar el resto de mi vida contigo.

Yo me emocioné y le besé. Todo me parecía perfecto, era como un sueño hecho realidad. Fue romántico e irreal, ahora lo pienso y me doy cuenta que era demasiado perfecto, idílico. Nosotros dos solos haciendo el amor, mirándonos a los ojos y prometiéndonos amor eterno.

 

 

Ahora mi sueño se ha convertido en una pesadilla. Mi vida con él se acaba y encima esos mensajes. No es el único que he recibido, son todos siniestros y amenazantes, tengo miedo y cada vez que se los enseño a Eduardo, misteriosamente esos mensajes desaparecen.

-Estoy muy preocupada- le digo- Alguien me quiere volver loca. Siento como si alguien me espiara.

-Eres una mujer muy guapa, tendrás algún pretendiente oculto.

- ¿Y lo dices como tal cosa?

-No sé, ¿Qué haces cuando no estoy contigo?

-No hago nada, voy al trabajo y luego a casa.

-El otro día saliste con los del trabajo, te acompañó un chico hasta casa.

-Me acompañó porque me daba miedo, tú no estabas en casa y no me gusta dormir sola.

-Bueno, haber empezado por ahí ¿Lo metiste en mi cama? Lo digo para limpiar las sabanas.

-¡Por supuesto que no! Te estoy diciendo que tengo miedo, me están acosando y tú me acusas de serte infiel.

-Puedes hacer lo que te dé la gana con tu vida, yo ya lo estoy haciendo. Lo nuestro se ha terminado Clara, en cuanto encuentre un piso me marcho, aunque lo suyo seria, que tú buscaras un piso. Esta casa es mía.

-Me echas.

-No soy de los que saco a rastras a una mujer de mi casa, tengo educación. Pero sí, te pediría amablemente que te fueras cuanto antes.

No puedo ni siquiera respirar.

-Yo te quiero- le digo

-No me gusta tu forma de querer, no me interesa.

Se marcha a la calle y me deja sola. Siento como me hundo, tengo ganas de llorar y no puedo.

No tengo a nadie a quien llamar, mis padres han fallecido y con mis hermanos no tengo buena relación. Pienso en Álvaro y sería la última persona a la que recurriría, él es culpable de todo esto. Últimamente es simpático conmigo y me manda mensajes y fotos divertidas, me dice que se alegra de tener una relación sana conmigo. Yo nunca le contesto, no quiero tener nada con él, sé que una amistad sería imposible

Me meto en la bañera con agua caliente y espuma, en los malos momentos me relaja y en estos momentos es uno de ellos. Estoy tranquila y relajada, tengo los ojos medio cerrados cuando veo a un hombre en frente mío.

-Hola Clara-me dice tocándome el pelo.

Me da un vuelco el corazón sobresaltándome. Cuando me incorporo, ya no está. Ha desaparecido.

 

 

-Le tenía enfrente, me estaba mirando fijamente, era moreno y tenía una mirada siniestra- se lo estoy contando a Eduardo, estoy aterrorizada, mi cuerpo tiembla y el parece creerme.

-Y estabas en la bañera- me dice

-Sí, me estaba quedando dormida.

-Lo habrás soñado, hay sueños que son muy reales, en la primera fase del sueño…

- ¡No! - le grito- Era real. Ha dicho mi nombre, un hombre ha entrado a esta casa.

-Tenemos cámaras de vigilancia, las he mirado, no ha entrado nadie y mucho menos salido.

-No me crees. Te juro que es verdad. Me ha tocado. Le tenía cerca, estaba al borde de la bañera.

- ¿Y qué ha pasado luego?

-Ha desaparecido sin más. Te juro que era real.

- ¿No estarás haciendo todo esto para llamar mi atención? - me pregunta- Una vez lo hiciste, volviste a mi consulta y solo fue una excusa para verme. Si lo estás haciendo te digo que no sirve para nada, he hablado con mi abogado, nuestra separación es un hecho.

Me siento morir, pero ya no le suplico, lo asumo.

-Me buscaré algo, te lo prometo, no seguiré molestándote.

Siento miedo de todo y pienso que me estoy volviendo loca, por la noche la voz de ese hombre vuelve a mí, es real, la oigo.

-Clara, Clara, no te escondas Clara, te encontraré- mi cabeza me va a estalla, no puedo dormir ni pensar con claridad.

Al día siguiente volviendo del trabajo le vuelvo a ver, me está siguiendo, pero en cuanto me doy la vuelta para enfrentarle, no le veo, desaparece. Tengo tanto miedo que pienso que me va a dar algo. Llamo a Eduardo, no me coge el móvil e insisto una y otra vez. Cuando descuelga oigo una voz de mujer.

-Si.

Cuelgo. Está con otra.

Entonces me doy cuenta, es él.

Es quien me está haciendo esto. No le conozco de nada, es un extraño y le he dejado entrar en mi vida. Me acuerdo de su novia muerta, nunca me dio detalles y esa frialdad al hablar de ella, es incapaz de querer, de sentir. Se casó conmigo después de recibir la herencia de mi madre, yo misma le hablé sobre ella, le dije que había tenido problemas con mis hermanos por el dinero, que mi madre por haberla cuidado me lo había dejado todo y ellos no me hablaban. Yo se lo conté, le dije que había recibido una pequeña fortuna.

Fue entonces cuando cambio de opinión. Yo no quise verlo porque no podía, me conformaba con tenerle a mi lado, con él estoy ciega, me da igual que este con otras, se lo paso todo. Y ahora ya no me quiere, ha llegado la hora de deshacerse de mí.

Llego a casa y me cierro con llave, me meto en mi cuarto y siento como si las paredes se moverían, nada está en su lugar y veo como ese hombre se acerca a mí, está aquí conmigo y yo grito aterrorizada, entro en pánico.

Grito tanto que me quedo ronca, el rostro del hombre se transforma y de repente se convierte en Eduardo.

-¡Soy yo!- me dice- ¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas?

- ¡No me toques! - le grito- ¡Eres tú, eres tu quien me quiere volver loca! Me quieres matar como hiciste con tu novia.

- ¿Que has dicho? - me dice.

-¡Por eso te casaste conmigo! por el dinero que me dejo mi madre,

- ¿De dónde sacas esas cosas?

- ¡No me quieres!, nunca me has querido, siempre he sido yo la que he ido detrás tuyo.

Me toca la frente.

-Estas ardiendo, tienes fiebre.

- ¡Déjame!, no me toques, sé lo que pretendes. Has planeado todo esto con tu amante.

- ¿De qué amante hablas?

-La que me ha cogido el teléfono.

-Era una enfermera. Sabes que no cojo el móvil, sí estoy atendiendo a pacientes.

- ¡Mientes! Dices que soy una mentirosa, pero eres tú el que mientes.

-No estás bien- me dice- Es mejor que te lleve al hospital.

Me va a coger cuando me pongo a gritar, tengo miedo y estoy aterrorizada.

-Te voy a dar un tranquilizante- me dice.

Me quiere hacer tragar una pastilla y la escupo, no quiero que me de nada, sé que me quiere envenenar.

Al final me obliga, abre mi boca y me fuerza a tragar.

-Cómo puedes estar haciéndome esto- le digo mientras siento que mis ojos se cierran- Yo te quería tanto…

 

 

 

 

Eduardo

Está loca, debe de ser deformación profesional y me he traído el trabajo a casa. El único culpable de todo esto soy yo, cómo se me ocurre liarme con una paciente.

Todavía me acuerdo de cuando la conocí.

 

Un año antes

La ví entrar en la consulta, iba con un pantalón vaquero, una camiseta floja y unas zapatillas de deporte. Había leído su ficha y sabía que tenía veintinueve años, en esos momentos me pareció que tenía diez menos.

Castaña con el pelo corto y unos ojos verdes claros preciosos, yo soy un profesional y no miro a mis pacientes de esa forma, pero no lo pude evitar. Le di un repaso, pequeña de estatura y de complexión delgada, eso sí, tenía bastante pecho. No pude evitar imaginármela desnuda.

Resultó ser muy tímida y me hablaba continuamente de su madre y la relación con sus hermanos. Ella se había quedado en casa a atenderla y por eso no había podido independizarse. Su madre para ella era el centro de su universo y ver como la perdía poco a poco le había minado su energía.

Yo la miraba alelado. Me dijo que le constaba salir de casa y yo en ese momento le creí, transmitía inocencia pura.

Había una parte de mí que quería seguir atendiéndola, pero otra parte sabía que no necesitaba ayuda psiquiátrica. La chica tenía una salud mental sana, solo estaba pasando por una fase de duelo, todo muy normal debido a sus circunstancias.

Pensé en pedirle para salir, sabía que no era algo muy ortodoxo, pero necesitaba verla fuera de esa consulta, sin la bata de médico, que me viese como a un hombre de verdad. Tenía ganas de abrazarla y de hacerle otras cosas y mi posición como profesional, me lo impedía.

El día que le iba a dar el alta llego con ojos enrojecidos, había estado llorando

-Me estoy volviendo loca- me dijo.

- ¿Qué te pasa?

-No puedo dejar de pensar en ti, me paso el día esperando que llegue este momento y cuando me voy de aquí siento que estoy dejando pasar mi vida.

-Bueno, no sé qué decirte. Eres una mujer joven…

-Tengo fantasías sexuales.

- ¿Qué has dicho?

-Contigo, en esta habitación. Sueño que te hago de todo, sé que no tendría que decírtelo, pero tú eres mi psiquiatra. ¿Me estoy volviendo loca?

-Que…yo no sé la verdad.

-Nunca antes me había pasado algo así, es como si mi cuerpo se despertase, siento como arde, me excito en esta silla mientras te miro.

El que se está excitando soy yo, ahora mismo mi cuerpo ha reaccionado.

-Mejor no sigas.

-Luego voy a mi casa y me masturbo pensando en ti.

Teniendo en cuanta que yo también lo he hecho, ahora mismo no sé qué decirle.

- ¿Qué piensas? dime algo.

-No sé qué decirte la verdad. Ahora mismo no puedo pensar.

-Ahora mismo me está pasando, tengo calor, siempre tengo calor, es como si la ropa me sobrase, no sé porque me pasa. Es como una locura, tengo ganas de sentarme en tus rodillas y quitarte la ropa.

Se levanta y viene hacia mí- ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo se cura esto?

-Yo…- la tengo sentada encima mío. Entonces dejo de pensar con la cabeza y empiezo a hacerlo con otra parte de mi cuerpo.

Le quito la camiseta buscando sus pechos y me veo comiéndole los pezones mientras ella desabrocha mi pantalón. Es todo tan rápido que no pienso, ella sube y baja mientras jadea y grita, es verdad parece poseída y yo con ella. Termino así, con todos los papeles tirados por el suelo, pensando en que se me ha ido la cabeza del todo.

Ese día le di el alta y empezamos a salir.

 

Ni siquiera puedo explicar cómo es Clara en la cama. Las apariencias engañan y ella con esa cara de niña buena, es de todo menos eso. Le gusta jugar y es una verdadera leona, muy activa y siempre toma la iniciativa. Cuando terminamos siento como me engulle, es como si absorbería mi energía vital. Me imagino que es, porque me lo saca literalmente todo.

Ella dice que solo ha sido así conmigo, pero a mí me cuesta creérmelo, sobre todo cuando me enteré que tenía novio. La decepción fue terrible.

No es la primera vez que me han puesto los cuernos y la sensación de cornudo es terrible. Mi novia de toda la vida, me los puso y el día que se mató iba con su amante. Es una sensación agridulce, lamentas su ausencia, pero luego piensas que no era nada tuyo. Nunca pude hablar con ella sobre eso, ya que no lo sabía cuándo estaba viva. Luego me enteré que lo sabía todo el mundo menos yo, el día de su funeral no sabía qué hacer ni que decir. Yo soy psiquiatra y se conoce que tenía que saber enfrentarme a esas situaciones, la cuestión es que no sé.

Soy como todo el mundo, todos tenemos nuestros demonios y ese es el mío, me persigue. Nunca me tenía que haber casado con ella, la metí en mi vida, en mi casa y me lo han vuelto a hacer. Sé que no debo, pero cuando me da el móvil para que lea mensajes que no existen, leo los de su ex. Sigue enamorado de ella y yo lo entiendo perfectamente.

El día que les vi en la cafetería me di cuenta ''eres un hombre muy afortunado'' me dijo sonriendo y no me gustó su sonrisa, sé lo que quería decir. Él también sabe cómo es en la cama y no me hizo ninguna gracia.

Hemos llegado al hospital, al final le he tenido que sedar. Cuando he llegado a casa me la he encontrado y esta vez no fingía, era real. Me ha empezado a decir cosas muy raras sobre que quiero matarla y volverla loca, me miraba con mucha desconfianza y se ha puesto a gritar. Cuando me dijo que había visto un hombre en la bañera, no me lo creí, estaba convencido que quería llamar mi atención, pero hoy me he dado cuenta que es verdad. Sufre alucinaciones.

Está ingresada y le van a hacer unos análisis de sangre. En cuento se ha despertado le ha dicho a la enfermera, que le quiero hacer daño.

-Me lo dijo en un mensaje, mira mi móvil, ahí lo pone. Me dijo que iba a sufrir y es verdad. Mi vida con él es un infierno, nunca me quiso, se casó conmigo por mi dinero.

Le enfermera no le escucha y le acusa de encubridora, le dice que es mi amante, que es mi cómplice y que lo hemos ideado entre los dos.

-Lo siento- me dice la enfermera- Vaya ojo has tenido.

Intento razonar con ella y no puedo.

- ¿Por qué me has hecho esto? - me dice- Yo te quería, te quería de verdad, sino me quieres dímelo, te daré el dinero, a mí me da igual, yo solo quería estar contigo nada más.

Me da pena, ahora mismo me da pena, pero también me doy pena yo. No quiero tener una relación así con nadie. Sé que todo esto es una pesadilla y que tengo que terminarla cuanto antes.

No he podido dormir desde su ingreso y siento como mi cabeza va a estallar. Me dan la analítica de Clara y me dicen del laboratorio que hay sustancias psicotrópicas.

- ¿Tu mujer consume drogas?

-No, que yo sepa.

-Ha consumido grandes dosis LSD.

- ¿LSD? ¿Estás seguro?

-Completamente. Ahora mismo está teniendo un viaje.

Vuelvo a su habitación y la miro. Le han sedado y ahora mismo está dormida. No entiendo nada. ¿Desde cuándo consume drogas? ¿Quién es realmente mi mujer?

 

 

 

 

 

Clara

Me despierto, estoy todavía en una nube, miro a mi alrededor y me doy cuenta que estoy en un hospital, en el mismo que murió mi madre. Quizá ahora me toca mí, al fin y al cabo tengo la sensación ahora mismo, que llevo toda mi vida muerta.

Oigo un ruido en la puerta, es una enfermera, no la conozco de nada y me sonríe con familiaridad.

-Hola Clara. ¿Qué tal te encuentras?

-Mejor- le digo.

Tengo ideas confusas de lo que me ha pasado, recuerdo que salía del trabajo e iba para casa cuando aquel hombre empezó a seguirme, después de aquello, todo es muy confuso. También recuerdo el rostro de Eduardo, estaba muy enfadado conmigo y me atacaba. Ahora lo recuerdo, era él quien me quería hacer daño.

Al de unos minutos aparece Eduardo, está muy serio y no tiene buena cara.

-Bueno Clara. Tenemos que hablar.

Ahora mismo siento angustia en el pecho, sé que me va a dejar, por fin lo tengo asumido. Intento contener las lágrimas, es lo mejor para todos,

- Si quieres mi dinero te lo doy.

- ¿Qué has dicho? Tu dinero, y porque voy a querer tu dinero. No te das cuenta que lo me dices no tiene sentido.

- ¿Entonces porque te casaste conmigo? Porque está claro que no me quieres.

-No lo sé, la verdad. Ahora mismo tampoco me lo explico yo. Voy a ir al grano Clara. ¿Consumes drogas habitualmente?

Me sorprende muchísimo la pregunta- ¿Yo? No, para nada. Nunca he consumido drogas, ni bebo alcohol, eso ya lo sabes.

-No lo sé. En los análisis que te hemos hecho, hemos visto un alto contenido en sangre de alucinógenos.

- ¿Alucinógenos? Lo que me estás diciendo no tiene sentido, yo nunca…

-Tienes que decirme la verdad.

-Esa es la verdad. ¿no me crees? Yo no he hecho nada malo, eres tu quién me ha intentado volver loca.

- ¿Me estás diciendo que yo te he drogado?

- ¿Quién si no? Tú tienes acceso a medicamentos, yo no sé ni cómo conseguirlas, no me muevo en esos ambientes. Lo que estás intentando insinuar es asqueroso por tu parte. Si quieres dejarme hazlo, pero no dejes mi reputación por los suelos.

-Yo puedo asegurarte que no te he dado ningún tipo de droga. No he hecho nada de lo que has insinuado. Yo no maté a mi novia, tuvo un accidente de coche con su amante, del cual yo no sabía ni de su existencia.

-Nunca me lo habías contado.

- ¿Para qué? Para ponértelo todavía más fácil. Yo no tengo arreglo, me atraen las mujeres infieles y mentirosas.

-Yo nunca te he sido infiel, lo que pasa es que no me crees. Mi relación con Álvaro estaba acabada, llevaba años mal con él.

- ¿Y porque no terminaste con él? ¿Por qué le engañaste conmigo?

-Porque no podía. Álvaro es muy complicado, tenía miedo de su reacción. Ahora es muy simpático conmigo, pero cuando estábamos juntos no era así.

- ¿Y me lo cuentas ahora?

-Si no te he hablado de Álvaro, es porque sé que no te gusta y además porque no quiero, me trae malos recuerdos.

- ¿Y si tenías tan mala relación con él, porque no me lo comentaste cuando eras mi paciente? Era algo importante.

-Porque él me lo prohibió, cuando le dije que iba ir al psiquiatra, me dijo que ni se me ocurriera hablar de él y cuando te vi, la verdad es que tampoco quise. Nunca me sentí orgullosa de la relación que teníamos.

- ¿Y qué relación era esa?

- Mala muy mala.

-Cuanto de mala. ¿Te pegaba?

-No quiero hablar de eso.

Me callo, me siento como una estúpida cuando pienso en Álvaro. Soporté cosas que nunca debí de soportar, sé que la culpa de todo fue mía. Era una cobarde y no era capaz de hacer nada. Si no hubiese conocido a Eduardo, sé que seguiría con él. Aguantaría sus cuernos, sus malos modos, sus insultos y comentarios machistas. Ni siquiera recuerdo como empezó todo, si alguna vez fue bueno conmigo, solo sé que me agarre a un fuego ardiendo durante años. No sé si mi excusa fue la enfermedad de mi madre o que me sentía sola.

Álvaro era muy celoso y muy mal pensado, no le gustaba que hablara con hombres y cuando conocí a Eduardo, pensé que Álvaro jamás debía de enterarse de su existencia. El día que le dije que había conocido a alguien, pensé que me iba a matar, pero no lo hizo. Se dedicó a insultarme, me dijo que no valía nada y que solo había estado conmigo por pena, que se había tirado a tías mucho más buenas que yo y que no valía nada en la cama.

Yo le oí todo pacientemente, no era la primera vez que me decía esas cosas, esperaba algún bofetón, pero no, se limitó a cogerme de la cara y me escupió.

-¡Qué asco de tía!- me dijo- Ya no te quiero para nada.

 

Ahora mismo Eduardo me está mirando con lastima. No quería que se enterase, me da mucha vergüenza con él, me siento como una arrastrada.

-Él también se acostaba con otras- le digo- Yo también debo de buscar el mismo perfil.

- ¿Maltratadores? Quieres decir. ¿Me estás llamando maltratador?

-Yo no he dicho eso. Entiendo que estés con otras, es normal, yo lo entiendo.

-Pues yo no. No me gusta la gente infiel. Ser el último en enterarse es lo peor, te sientes estúpido.

-Uno se acostumbra…yo lo hice.

Me mira fijamente- ¿Cómo no me di cuenta antes de lo que pasaba? Cómo no lo vi…bueno si ya sé, porque no podía. Estaba demasiado implicado emocionalmente. Lo nuestro fue todo muy rápido, demasiado precipitado, no pensaba con claridad.

-A veces pienso que estoy loca. Cuando te conocí me trastorné por completo. Sé que tu no me creíste, pero nunca había sentido algo así. Tenía miedo de mi misma y de Álvaro, a él no le gustaba que hablara con hombres, por eso tarde tanto en contarle lo nuestro.

- ¿Y porque no me lo contaste a mí?

-Porque me daba vergüenza, yo fui la única culpable de todo aquello y encima me acosté con otro, no te iba a hablar mal a ti de él.

- ¿Y porque volviste a quedar con él?

-Me dijo que me quería pedir perdón por cómo se despidió.

- ¿Y cómo se despidió?

-Fue grosero, pero no me pego.

-¡Ah, menos mal! Intuyo que a veces se le iba la mano.

-Solo cuando bebía, por eso no me gusta el alcohol, saca lo peor de uno.

-¿Y me estas comparando con un hombre así? ¿Cómo me ves? ¿Qué clase de hombre crees que soy? No, no me lo digas, me has acusado de querer volverte loca y matarte.

No digo nada, ahora mismo todo me parece una pesadilla mi vida completa es un asco.

-Entiendo que no me quieras- le digo- Lo entiendo perfectamente.

-No digas eso, claro que te quiero, por eso me case contigo. Pienso que tengo un problema contigo, un problema mucho más grande de lo que creía. Has normalizado situaciones que no son normales.

-Lo siento.

-No digas nada, yo tampoco he estado muy cuerdo. Yo no me acuesto con nadie, no tengo amantes, te lo digo para dejarlo claro, te dije aquello porque estaba celoso, pensaba que te veías con tu ex.

- ¡No! ¿Cómo voy a tener algo con Álvaro? Si me costaba acostarme con el cuándo estábamos juntos, nuestras relaciones no eran buenas, por eso él se iba con otras.

- ¿Te ha amenazado alguna vez?

- ¿Amenazado? No te entiendo.

-Si te ha dicho que te iba hacer daño de alguna forma.

-De novios a veces, pero lo que más me decía es que no valía nada, que tenía que estar contenta porque él estaba conmigo, decía que era un muermo siempre hablando de mi madre enferma. No llevó bien su enfermedad. La verdad es que mi vida era un rollo y él estaba ahí conmigo.

- ¿Piensas que le debes algo?

-Si, en el fondo sí. Me he sentido mal con él por lo nuestro. Yo era muy feliz y el un desgraciado. Por eso quedé con él. Ese día me dijo que había encontrado trabajo y que la vida le sonreía, le vi diferente y me alegré. A pesar de todo le deseo lo mejor, eso sí, lejos de mí.

-Te manda mensajes todos los días, quiere volver contigo.

-No sé lo que quiere realmente, pero a mí no. Sé que eso no es querer.

- ¿Y yo te quiero?

-No, creo que no. Pero yo a ti sí, tengo para los dos, si tú quieres.

Se acerca y me da un beso en la boca. Es cariñoso conmigo y hace tanto tiempo que no era así, que me siento tonta, estaba deseando que lo hiciera.

-Lo siento mucho- me dice- Yo si te quiero, y te quiero de verdad. No sabes cómo me siento ahora, he sido muy injusto contigo.

-Tengo miedo- le digo- Mucho miedo, no sabes lo mal que lo he pasado, ese hombre que me seguía, el que se metió en el baño. Era real, me toco.

-Eran los efectos del LSD, ya no volverá a aparecer.

- ¿Y si, no es así? y si realmente estoy loca, yo no he consumido nada.

-Nada que tu sepas.

Pienso y entonces me viene a la cabeza. Los caramelos.

-Álvaro me regaló unos caramelos, son mis preferidos, cuando empezamos a salir me los compraba, me los dio el día que me pidió perdón.

- ¿Dónde los tienes?

-En mi bolso. Ayer en el trabajo me comí unos cuantos.

-A ese hijo de puta lo voy a matar- dice levantándose- Voy a ir a buscarlos. Estate tranquila, todo va a salir bien.

Se marcha y me quedo sola, sigo asustada pero más tranquila. Eduardo me quiere, todavía no me lo creo, quiere estar conmigo. Sonrió, tiene razón todo va Salir bien. Cierro los ojos, quiero dormir un rato cuando alguien me tapa la boca.

Abro los ojos y veo a Álvaro.

¡-Ni se te ocurra gritar!- me dice acercando su rostro al mío- Que, ya le has hablado de mi al loquero.

Niego con la cabeza.

-¡Mientes!- me dice dándome una bofetada- ¿Te has dado cuenta lo bien que me he portado contigo después de lo que me hiciste?

Asiento con la cabeza.

-¿Y así me lo agradeces?

Estoy llorando.

-Eres una puta llorona. No sé cómo te pude aguantar todos estos años siempre llorando por tu puta madre. Ella era la importante y yo el segundo plato. Y cuando por fin se muere ¿Cómo me lo agradeces?- me está susurrando al oído--Dime, no te oigo. Dímelo.

No le contesto.

-Follándote al loquero, ¿Sabes en lo que te convierte eso? Dímelo, quiero que me lo digas.

-En una puta- le digo entre lloros.

-Exactamente y ahora mismo en una traidora. Y dime ¿Cuál es el castigo que te mereces? Dímelo.

-No sé.

Me da otra bofetada- Respuesta incorrecta.

Me va a dar otra cuando abren la puerta, es la enfermera.

Álvaro se da la vuelta y es otra vez una persona encantadora, como él solo sabe serlo. He visto muchas veces esa transformación.

-Me encuentro mal- le digo a la enfermera.

-Bueno Clara- me dice- Nos vemos, recupérate.

Veo cómo se va y pienso que mi pesadilla no va a terminar nunca.

 

Al de una hora Eduardo vuelve y me dice que no ha encontrado los caramelos.

- ¿Seguro que estaban en el bolso?

-No lo sé- le digo.

- ¿Pasa algo?

-Quiero irme a casa, quiero estar contigo- le digo.

-Claro, yo también. Me tomaré unos días de vacaciones.

Me vuelve hacer análisis y esta vez no tengo nada raro, me dan el alta y nos vamos para casa. No le cuento lo de Álvaro, no puedo hacerlo.

-He pensado que tienes que recibir tratamiento psicológico, conozco a una psicóloga muy buena especializada en maltrato dentro la pareja.

-Yo no voy a contar mi vida a una de tus amigas- le digo.

-La conozco profesionalmente, yo no me acuesto con todas las mujeres que conozco, no lo he hecho mientras he estado contigo. Lo primero que tenemos que hacer es recuperar la confianza mutua entre nosotros. No puede haber secretos.

Me callo.

-Álvaro…

Le interrumpo- No quiero hablar de Álvaro. Por hoy, ya he te tenido suficiente de él.

Llegamos a casa y tengo miedo, siento todavía la presencia de ese hombre acechándome.

-¡No me dejes sola! Quiero asegurarme de que no haya nadie en casa.

Me hace caso y revisamos cada habitación.

- ¿Ves? estamos solos.

Le tengo muy cerca y me da un beso, es uno largo. Me gusta como besa y hace tiempo que no lo sentía así.

-Yo también he pensado que me volvía loco sin ti. Dices que perdiste la cabeza cuando me conociste. Esa la perdí, el día que te vi entrar en mi consulta.

- ¿De verdad?

-Cómo te lo estoy diciendo. Me volviste loco.

Siempre quiero hacer el amor con él, su cuerpo, su aroma me vuelve loca, pero ahora mismo estoy muy cansada. No tengo fuerzas para tomar la iniciativa, hoy no me tiro encima de él y le devoro. Quiero sentirme querida, sentirme bien.

-Eres preciosa, ¿lo sabes?

-No- le contesto- Ahora mismo, no me veo muy bien que digamos.

Me besa y me lleva a la cama.

Es amoroso y delicado conmigo. Me siento la mujer más afortunada del mundo en estos momentos, pero hay algo que me inquieta, no puedo quitarme a Álvaro de la cabeza, me viene a la cabeza sus palabras. Sé que me va hacer algo malo, que se va a vengar de mí.

- ¿Estas bien? - me pregunta- Lo podemos dejar para otro momento, sé que no es lo más adecuado, después de lo que ha pasado…

-No, quiero que sigas, lo necesito. Hoy solo quiéreme, nada más.

Es lento y le siento preocupado con la situación. Me ha notado ausente, es la primera vez que estando juntos, no tengo la cabeza en nosotros.

-Es normal que te encuentres mal- me dice- Siento todas las cosas que te dije. Me he comportado como un celoso estúpido.

No digo nada, esas mismas palabras las he oído muchas veces de otra persona, siempre me lo decía después de haberme pegado. No sé porque pensaba que algo iba a cambiar. Álvaro llevaba años esperando a que mi madre se muriese, ahora me doy cuenta.Era él, quién quería la herencia.

Se pasó todos esos años conmigo y cuando por fin iba a llegar, yo le deje por otro. Tiene que estar muy enfadado.

- ¿En qué piensas? - me pregunta

Y entonces se lo cuento todo.

 

 

 

 

Álvaro

Le odio, pienso todos los días en hacerle algo. La he visto marchar con el loquero de la mano. Ahora están bien, yo les he unido, que gracia me hace todo esto. Ahora pienso que mi objetivo es él, todos estos años no puedo haberlos tirado por la borda, no me pase aguantando sus lloros para nada.

Un loquero, me ha dejado por un loquero. Ha sido tan fácil engañarle, como quitarle los caramelos aun niños, me ha costado tan poco, que me ha resultado irrisorio, me lo ha dejado en bandeja.

Ella volverá a mí, quiera o no. Es mía.

 

 

 

 

Eduardo

Todavía estoy procesando todo lo que me ha contado Clara. Le he preguntado donde vive quiero ir a verle y ella me ha dicho que ni se me ocurra.

-No te metas en un problema por mi culpa, además Álvaro tiene un punto macarra, está acostumbrado a pegar y es más fuerte que tú.

-Gracias por tu confianza. Todavía no sé cómo me ves.

-No como a un matón, eres un hombre sosegado y Álvaro no. Es capaz de clavarte un cuchillo.

- ¿Con que clase de hombre te has relacionado? No entiendo, una chica guapa, lista y con clase como tú, como acaba con un macarra.

-Al principio me atrajo esa faceta suya. Era guapo o por lo menos al principio me parecía. Ahora le veo horrible.

-Iremos a la policía, tienes que contarle tu historia con ese hombre.

- ¿Y qué les cuento? No lo denuncié mientras estaba con él.

-Te ha pegado en el hospital, me lo acabas de contar.

-Me ha pegado porque piensa que le he traicionado, si voy a la policía me mata.

-No puedes dejar algo así, si no vas tu, voy yo. Por lo menos, pon una orden de alejamiento.

-No sé si servirá para algo. A Álvaro las normas sociales se las trae al pairo.

-Me estas describiendo a un psicópata de libro.

-Es que lo es, por eso le tenía miedo. Ahora pienso que tuvo algo que ver con la muerte tan repentina de mi padre.

- ¿Y me lo dices como si tal cosa? hay un hombre peligroso en la calle y quieres que me quede con los brazos cruzados sin hacer nada. Estás muy confundida, yo no le tengo miedo, a ti te habrá convencido, a mí no.

-Casi lo hace- me dice- Es muy bueno manipulando.

 

Tiene razón, ahora me doy cuenta. Me ha manipulado a mí, los mensajes que le mandaba no eran para Clara, quería que yo los viese, que pensase mal de ella y lo hice. Caí en su juego y todo por culpa de mis propias inseguridades.

Yo soy el profesional y he estado a punto de alejarme de Clara por culpa de ese hombre.

-Siento mucho como me he comportado contigo, no quiero que me relaciones con él, yo no soy así, ni juego ni manipulo. Si me quería alejar de ti, es porque no tengo buenas experiencias con las mujeres, siempre me engañan.

-Me cuesta creer algo así, tú tienes mucho éxito entre las mujeres.

-No sé de donde sacas algo así, no soy un Don Juan, te lo puedo asegurar. De joven salí con alguna chica y luego con Elvira durante años y mira como termino todo. Fue muy duro para mí, no te lo voy a negar, llevaba años engañándome y yo me entere cuando murió, me lo contaron para que no la llorase demasiado. Lo sabía todo el mundo menos yo, estaba liada con un amigo mío. Ella conmigo lo criticaba continuamente, era el típico mujeriego y decía que no lo soportaba, que era un cínico y resultó que lo que le pasaba era que estaba rabiosa, porque no era capaz de establecer una relación seria con ella. Me utilizaba para darle celos, ella fue la que insistió para casarnos cuanto antes, se pasaba todo el día hablándome de los preparativos de la boda y yo como un idiota, siempre asentía a todo.

- ¿La querías mucho?

-No como a ti, nunca sentí nada tan intenso, pero era incapaz de hacerla daño, yo pensaba que era mutuo, pero no. Me sentí estafado y encima todos hablaban de mí a mis espaldas. Soy psiquiatra, se conoce que tenía que haberme dado cuenta. Está claro que no soy tan bueno en mi profesión y ahora esto.

-Yo no te he sido infiel, te lo puedo asegurar, solo pienso en ti día y noche, eres una obsesión.

-La primera mujer que se me ha tirado encima has sido tú y a mí sí que me ha costado creer, que solo te pasaba conmigo.

-No lo entiendo, eres un hombre muy atractivo, emanas sexo.

Me rio.

-Cuando me dices esas cosas, no sé si me hablas en serio. Yo no emano nada.

-Yo ahora mismo lo estoy sintiendo. Cuando te oigo hablar me excito, en las sesiones me volvía loca, es el timbre de tu voz, me quedo oyéndolo. Podría correrme con solo oírte hablar.

-Entones tendré que hablar más a menudo.

-Sí, la verdad es que cuando estas callado es una tortura.

Me está mirando con deseo, he visto esa mirada otras veces, me desnuda, sé en lo que piensa, en lo que quiere hacerme y yo estoy encantado.

- ¿Me dejas? - me pregunta remolona.

-Si insistes. No voy a negar que te echado mucho de menos…

-Sigue hablando, no pares- me dice.

No sé si podre, pero le hablo, mientras ella me empieza a lamer. La miro y joder, no sé si voy a poder aguantar mucho tiempo. La forma en que me engulle, mi cuerpo tiembla, es la primera mujer que me dice que desea con hacerme algo así, que lo disfruta mucho más que yo. Eso es imposible.

Tengo un enganche brutal con ella, cuando empezamos a vernos solo teníamos sexo, nada más. Le invitaba a mi casa a cenar y en cuanto nos sentábamos en la mesa, ella me ponía esa mirada, movía mi silla y me bajaba los pantalones. Terminábamos en la encimera de la cocina.

No salíamos a la calle y yo ni no me di cuenta, que en parte era porque ella no quería que nos viesen juntos porque todavía estaba con Álvaro. El día que me enteré fue de casualidad, me lo dijo una de las enfermeras que atendía a su madre.

-Un día vino con su novio.

- ¿Con su novio?

-Si un chico muy fuerte, hacían buena pareja.

Yo no quise creérmelo pensé que podía ser un amigo y que la mujer estaba confundida, en cuanto se lo comenté ella se quedó lívida. Era verdad.

-Me has engallado- le dije.

Me quedé traspuesto, nunca me lo hubiese imaginado. Me sentí completamente engañado, nunca veía venir a las mujeres, ella intentó arreglarlo.

-Pensaba terminar con el- me dijo- Solo estaba esperando el momento adecuado.

-Cuando entre polvo y polvo. Joder hija, que capacidad tienes. Te lo tiras a él y luego quedas conmigo o es al revés.

Intento disculparse, me juró que su relación llevaba mucho tiempo rota y no le creí. Me quede en estado de schock. En esa época ella me llamaba pidiéndome perdón y yo le decía que no me molestase, que había quedado con otras mujeres y me ponía en una situación incómoda.

-Solo tuvimos una relación sexual, nada más. Deja de llamarme.

El día que se presentó a mi consulta con los ojos llorosos, tenía la firme determinación de ignorarla, pero al final sucumbí. Me gustaba estar con ella, quería creerla, lo necesitaba.

Nos casamos en el juzgado, sin boda, ella me dijo que era lo más romántico del mundo. Nosotros dos solos, no necesitábamos a nadie más. Yo me sentía igual, quería que fuese cierto, la vi tan preciosa ese día que me sentí el hombre más afortunado del mundo.

 

Ahora la miro y pienso que es verdad.

Clara es una joya de mujer, preciosa, lista, trabajadora, cariñosa, entregada, me quedo corto en cumplidos, es perfecta.

Le incorporo y la doy un beso en la boca.

-Eres la mujer más maravillosa del mundo- le digo.

Termino yo encima de ella, quiero mirarles a los ojos, quiero que disfrute como yo y lo hace, grita mientras me araña. Me sonrío, es como una gata.

Se ha dormido y aprovecho para coger su móvil, me da igual lo que me diga, tengo que hablar con ese hombre, tiene que desaparecer de su vida definitivamente.

Le llamo y me descuelga de la misma.

- ¿Qué tal doctor?

Sabía que iba a llamar, es listo.

-No vuelvas a acercarte a ella.

- ¿Qué pasa? ¿Qué no quieres que nadie se entere de lo que vas a hacer? Todo el mundo en el hospital lo comenta, le estas drogando a tu mujer. Ella misma lo ha gritado, la quieres matar.

-Tu sabes que lo hiciste tú.

- ¿Yo? ¿y cómo voy a hacerle algo así? Ya no estamos juntos.

-Los caramelos.

- ¿De qué caramelos me hablas? No me engañe doctor, los dos sabemos lo que quiere hacer, no sería la primera vez. Su pobre novia no lo contó, es usted un hombre muy celoso, no tolera el engaño. Tiene que aprender a controlarse, Clara es su siguiente víctima.

-Te advierto.

- ¿Ahora me está amenazando a mí? Tenga cuidado con lo que dice, está conversación puede utilizarse en su contra.

-Clara me ha hablado de ti y quiero que sepas que yo no te tengo miedo.

-Puede que usted tenga estudios, pero cuando usted va, yo estoy de vuelta. Buenas noches doctor y cuide de su mujer.

Me cuelga. Ahora mismo estoy perdido, nunca antes había conocido a alguien así y no sé cómo enfrentarlo.

Clara sigue durmiendo, ella tenía razón en todo. Pienso en lo que le hizo, en lo que sentí cuando la conocí en la consulta, se sentía completamente sola, no tenía amigos y sus hermanos no le hablaban. Ella lo achacaba a la enfermedad de su madre, pero está claro que no era esa la verdadera razón. Ese hombre alejaba a todo el mundo de su alrededor, la dejó indefensa.

Ha preparado todo esto meticulosamente, sabe toda mi vida, lo de mi exnovia, lo del accidente de coche, conocía mi punto flaco y he sido un blanco fácil. Me ha atacado donde más me dolía.

¿Cómo se atrapa a un psicópata? Tengo que pensar como él.

Ese hombre es un ser parasitario, necesita de otra persona para alimentarse, ahora mismo lo estará haciendo y seguro que es con alguien del hospital, por eso sabe todo sobre mí. Cuando quiere puede ser encantador, yo mismo he leído sus mensajes amorosos, sabe lo que tiene de decir y utiliza a las personas, seguro que ha embaucado a otra víctima.

Yo nunca me entero de los líos amorosos que hay en el hospital, no soy curioso ni cotilla. Ahora mismo eso es un gran inconveniente. Hago un repaso mental a todas las enfermeras y colegas, también puede ser una médica. Y de repente me viene a la mente.

Natalia, una de las enfermeras con las que coincido en mis guardias. Ultimamente está muy contenta, llevaba una temporada bastante alicaída y hace unos tres meses recibió flores. Ese día era otra persona, su rostro cambio por completo, me alegré por ella, porque coincidió con mi matrimonio y pensé que ella también se había enamorado.

Intento recordar si me hizo algún comentario de la persona que había conocido.

-Ha sido como en las películas, flechazo a primera vista. El pobre estaba pasando por una ruptura muy desagradable y nos encontramos de casualidad.

Natalia es quién le ha contado mi vida, todos lo saben, durante meses fui la comidilla del hospital. Ella es la que le ha avisado del ingreso de Clara, la que le ha dejado entrar en su habitación, seguro que le ha dicho que está preocupado por ella, que teme que yo le haga daño.

Yo no soy muy hablador y no me relaciono con el personal del hospital. Fue ella quien cogió mi móvil el otro día. Me lo dijo disculpándose.

-Insistían mucho y pensé que podía ser algo urgente.

Cojo mi móvil, ahora mismo no me fio de nadie. Lo miro, no tengo mensajes, lo abro y lo desmonto. Hay un pequeño micro dentro, lo sabía. Nos ha estado escuchando.

En estos momentos soy consciente de lo cerca que lo tenemos y de la dimensión del problema, ese hombre ha entrado en mi casa y no sé cómo lo ha hecho. Él fue quien cogió los caramelos del bolso, se ha introducido en nuestras vidas.

Ahora entiendo, cuando Clara me dijo que tenía miedo de romper la relación con ese hombre y lo hizo por mí, por no perderme. La veo dormir. Cuanto ha sufrido y yo acusándole de acostarse con otros hombres, las veces que habrá tenido que oír algo así. Se me revuelven las tripas solo de pensarlo.

Va a ser muy difícil librarnos de ese hombre, no es humano, su falta de conciencia le hace indestructible, no se adapta a las normas sociales de conducta y yo estoy atado a ellas. No puedo ponerme a su altura.

Despierto a Clara y le escribo lo que he visto en un papel.

‘''os está oyendo, no digas nada''

Le escribo lo que vamos hacer y ella asiente.

-Voy a ir a la policía- digo en voz alta- Mañana a primera hora, le pongo la denuncia. Ahora vamos a dejar de hablar de él, ese hombre no merece la pena, es un fracasado.

-Eso es verdad, menos mal que te conocí a ti. Te quiero.

-Y yo a ti.

 

 

 

 

Álvaro

Estás muerto cabrón, aquí el único fracasado eres tú. Nunca vas a llegar a la policía, eso te lo prometo. Esta noche me meto en su casa, es de fácil acceso, ya lo he hecho antes, esa cámara que tiene es ridícula. Voy a hacerle una visita, va a ser un trabajo limpio, un accidente.

Espero a que se haga de noche, son las tres de la mañana, a esta hora todo el mundo duerme, voy todo de negro y escalo la verja, tiene una casa de la ostia el tío, es un hijo de puta con suerte. Suele dejar el coche fuera, es un Audi de viejo, no me gusta nada, es como el gris y aburrido.

Me voy a acercar cuando le veo. Me estaba esperando.

-Estas cometiendo allanamiento de morada- me dice- He llamado a la policía.

-Ha sido tu mujer, quería echar un polvo con un hombre de verdad- le digo.

-Mi mujer te ha puesto una orden de alejamiento, les ha contado tu encuentro en el hospital y como la amenazaste. Teniendo en cuenta lo que llevas en la mano- dice señalando un alicate -A ver como se lo explicas a la policía.

-No tienes nada en mi contra, en dos días estoy libre y volveré.

-Y yo te estaré esperando.

-Touché.

Oigo el ruido de las sirenas y me sonrío. Estoy seguro de mi inocencia, puede que el doctor no sea tan tonto como pensaba, pero yo soy más listo.

-Volveremos a vernos, dale recuerdos a Clara de mi parte y dile que no me olvido de ella.

Esto no ha terminado, solo es el comienzo. El loquero no sabe con quién se ha metido, no se hace una idea de lo que le espera.

-El que no sabe con quién se ha metido eres tu- me dice mirándome fijamente a los ojos- Tu pesadilla acaba de comenzar.

 

Continuara...

 

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