Conversación en torno a "Estructura de la plegaria"

La presente conversación tuvo lugar durante el mes de junio en el marco de la Primera Feria del Autor Independiente en la ciudad de Manta. Quien provocó las reflexiones a través de este conversatorio fue Alexis Cuzme, poeta por sobre todo, además de editor y gestor cultural. He transcrito nuestra corta charla con apenas un par de variaciones con el ánimo de hacerla más accesible para el lector interesado.

AC: ¿Cuál es la carga crítica que tiene tu novela sobre una institución tan intocada como la Iglesia Católica, en la que hablas de temas como la pederastia, que son narrados en pasajes crudísimos?

DM: La pederastia es una problemática real y palpitante dentro de la Iglesia Católica, y a veces es difícil de abordar. Lamentablemente casos como los que muestra la novela se encuentran en auge pues están saliendo a la luz en todos los rincones del mundo. Es un problema estructural y no son casos aislados. Debo confesar que el libro lo escribí en una clave menos frontal. La literatura trabaja de forma subterránea en el lector, y el objetivo es que trabaje de esa forma. Escribir la novela fue para mí un proceso muy duro, fue un proceso incluso de aprendizaje personal, en el sentido de que tuve que involucrarme en esas historias crudas, en esos personajes, y lo más duro fue narrar desde la perspectiva del sacerdote, tuve que asumir ese impacto que produce en el personaje las situaciones que él vive, los sentimientos que le emergen, las acciones que enfrenta. La historia del sacerdote es la primera parte. La siguiente trata de una novicia que está embarazada, una circunstancia un poco atípica, pero que en la novela es asumida como algo natural. La resolución del conflicto no estará dada, sino que será el lector quien deberá asumir una lectura creativa para comprender en qué deriva la historia. La tercera parte es un recopilatorio de los personajes secundarios de la primera y segunda parte de la novela y es narrada en una clave menos cruda, más festiva diría, pero sin olvidar esa dosis de realidad que ha iniciado la historia desde los primeros párrafos.

AC: Llama la atención el personaje del sacerdote. En sus posturas siempre hay un justificativo para atentar contra la integridad de un menor de edad. Nunca acepta que es un agresor sexual, sino que se asume como víctima de la influencia demoníaca que lo tienta. ¿Qué tan difícil fue la construcción de este personaje?

DM: No fue fácil. El sacerdote trata de luchar contra sus instintos, que dicho así se ve como una lucha épica. Al final no sabemos si él cree que los ha conseguido vencer o no, pero el planteamiento del problema está dado. La resolución del conflicto debe quedar en el lector, es decir que será quien decidirá si el sacerdote es una víctima o no, y no propiamente de sus pasiones, sino de unos hechos que los provoca un sistema que condiciona a determinados actos a quienes lo padecen, en este caso estamos hablando de la religión católica, concretamente. Algo que quiero aclarar es que la novela no nació con afán confrontador. Recuerdo cuando Fernando Vallejo escribe en La puta de Babilonia que él concibió su libro para saldar las cuentas pendientes de su infancia, y recuerdo a Josef Winkler, escritor austriaco, (sus novelas son muy críticas con la religión católica), cuando afirma que ha escrito su obra para devolver el daño que le hicieron en su niñez. Pienso que los matices de mi novela no la convierten en un panfleto, sino todo lo contrario, en una exploración de cierto contexto de la realidad, de cierta parcela de la realidad, y me interesa que se lea como eso. Al final cada parte tiene sus pros y sus contras y será el lector quien decida de qué lado ubicarse.

AC: ¿Qué tan difícil fue lograr que una editorial aceptara este manuscrito, porque supongo que muchos tuvieron que haberse chocado con la propuesta, sobre todo en los sectores más conservadores y moralistas? ¿Qué tan duro fue lograr que Estructura de la plegaria viera la luz como libro?

Carta editorial de rechazo de la novela "Estructura de la plegaria".

DM: Resultó un poco difícil de cierto modo y quisiera explicarme. Una vez que terminé el manuscrito, una vez que sentí que estaba en condiciones de exponerlo (el proceso me tardó alrededor de ocho años, entre escribirla, reescribirla, revisarla, restructurar ciertas partes), plantear una propuesta a una editorial constituyó un desafío (y no quiero sonar extremista) incluso mayor que escribirla. Y al plantear las propuestas uno se encuentra de todo, desde el silencio indolente cuando de la editorial ni siquiera te dicen: “Hemos recibido tu propuesta, la vamos a analizar”, hasta las negativas más absurdas. De aquello pecan mucho las editoriales nacionales, lamento decirlo, y contrasta con el trato profesional de las editoriales de fuera del país, que por lo menos te contestan la típica respuesta: “Agradecemos su propuesta pero no se ajusta a nuestra línea editorial”, o “Por el momento ya tenemos copado el límite de publicaciones para este año”, con lo cual te dan un rechazo mejor planteado. En este caso las editoriales nacionales adolecen de ese mal, nunca responden y cuando lo hacen agregan consideraciones fuera de tono. Por ponerte un ejemplo, entre las cartas de respuestas recibí la de una editorial nacional (y sus editores deben ser muy conservadores), que me brindaba una respuesta muy crítica, es decir que no solo me dijeron que no me podían publicar mi material literario sino que adicionaban una innecesaria recriminación al indicarme que una novela como la mía jamás vería la luz. Cosas como estas, en lugar de quitarme motivación me incitaron a buscar otras alternativas. Esto fue lo difícil. El objetivo secundario era publicarla en edición de autor, con todas las dificultades y limitaciones que aquello implica, pero por aquella época tuve conocimiento de que la Sede Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana estaba recibiendo propuestas y postulé mi material. Luego de algunos meses me dieron la aprobación, se trabajó el libro de igual manera en el lapso de algunos meses más en un proceso pulcro y excelente que derivó en una edición muy cuidada. Por esto diría que tampoco fue tan complicado el asunto de la publicación. Me siento muy agradecido con el cuerpo profesional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, porque acogieron mi libro sin poner ningún reparo. Porque esa es otra contrariedad que tenemos los autores, que nos cercenan los textos, que nos indican que determinada literatura no tendrá acogida en los mercados o en el público lector, o lo que es peor, que estamos tratando temas que no se deben tocar. Mi libro salió sin ninguna línea censurada. Que de paso aclaro que no lo hubiese permitido por ningún motivo. En ese hipotético caso hubiese preferido haber sacrificado la edición. Pero insisto, el libro llega al lector sin ninguna palabra censurada.

AC: Estás consciente de que Estructura de la plegaria va a causar mucha roncha a nivel nacional, sobre todo cuando llegue a personas que tienen una lectura más profunda. Estoy seguro de que van a hacerla sentir a nivel nacional. Como lector, he estado muy absorbido, muy impactado, y me parece muy buen trabajo.

DM: Insisto, Estructura… es una novela muy crítica con ciertos aspectos de la religión, pero como me gusta calificarla, es también un libro espiritual. Es un libro para todas las ideologías, aunque admito que pueda tener cierto impacto incómodo en los lectores más sensibles.

ALEXIS CUZME (Manta, Ecuador, 1980) es poeta, editor y gestor cultural. Autor de La ruina del vientre sacudido (Editorial Jaguar, 2016) y de Trilogía de la carne (Editorial Mar Abierto, 2012) que incluye sus poemarios El Club de los premuertos, Bloody City y Legado de Carne. Es editor del sello Tinta Ácida. Su hogar electrónico es: http://alexis-cuzme.blogspot.com, y administra el blog literario: http://ciudadhecatombe.blogspot.com.

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