• antoniaportalo

Día de difuntos

Poco a poco se aproximaba a la horrible realidad y estaba segura de no querer aceptarla. Recorrió las calles encaladas del pequeño pueblo, se había nublado y el cielo gris apagaba el luminoso blanco de las casas. Como si la alegría y la gracia típica de sus gentes se ocultara por un momento entre nubes tristes y lloronas; como si el mundo hubiera oscurecido y vistiera el luto desde su cielo. Llegó a la casa, a su casa de la infancia. Aparcó el coche en la puerta y hecha un mar de lágrimas atravesó el umbral. "Dios te salve María llena eres de gracia, el Señor es contigo..." Familiares, amigos y conocidos sentados en sillas de anea, a ambos lados del pasillo, repetían incansables las oraciones. Las mujeres más ancianas con sus mantos negros iban recitando el Rosario, en un tono monótono adormilando las palabras entre aromas a cera y humo de cirios. Ella se aproximada a dónde no quería, atravesando por aquella pesadilla de luto y dolor. La sala estaba abierta, al fondo un féretro rojizo de madera de cerezo. La luz de las velas transformaba el lúgubre escenario en una pintura tenebrista alargando las sombras de los candelabros y arrastrándolas por el suelo como almas en pena en la noche de los muertos. Su hermano se levantó a abrazarla y los dos rompieron en un llanto sobrecogedor. -Preguntó por ti, esas fueron sus últimas palabras. No temas al fin descansó. No podía articular palabra, se quedó muda, solo lloraba. Un vacío enorme la invadió de golpe, miró su rostro ahora inerte y pálido, sus ojos ya cerrados ocultaban el brillo y la fuerza de un tiempo pasado. Aquellos ojos oscuros, los mismos que ella había heredado, ya no volverían a mirarla con ternura. Sus manos repletas de surcos y cruzadas en el pecho, tampoco volverían a acariciarla. Todo acabo! Qué haré sin ti! Mi vida pierde el sentido! Perdóname mamá no pude estar en tu último momento.

La negrura eterna de la noche derramó el dolor más punzante, no brillaron las estrellas, la luna ocultó el blanco en su capa de luto. Solo lágrimas caían del cielo empapando los recuerdos. Y dormida se quedó la noche sin querer despertar, ¡para que abrir los ojos de nuevo si ella ya no está!

Doblan tristes las campanas doblan al son que cae la lluvia y que resbalan las lágrimas al llorar. La despiden a ella del mundo, de su vida y los suyos y quién sabe, quizá abran la puerta a su alma de la eternidad.

 

Pintando Palabras

 

Portalo

 

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