• Vocaciones Don Orione

Las etapas del discernimiento vocacional

Por Hrno. Maikol Sáez.

 

Han pasado ya cinco años desde que nació en mí la inquietud sobre el dedicar mi vida al servicio de Cristo. Hoy siento la necesidad de compartir lo que para mí es el discernimiento, o mejor dicho, el proceso por el cual se transita desde que te preguntas "¿será la vida religiosa mi vocación?" hasta el momento en cuando tomas la decisión de ingresar al Seminario.

 

Partamos por el principio, toda persona llega a una etapa de su vida en que comienza a hacerse preguntas (si eres joven y no te las haces, ¡preocúpate!), una de las más comunes es:

"¿Qué puedo hacer con mi vida?"

 

Y es aquí donde algunos jóvenes que están en alguna pastoral, movimiento u otro servicio en la iglesia, sienten que Dios les pide algo más…

En este momento es donde nace la primera etapa, que llamaremos “la duda”: ¿será que mi vocación es la vida religiosa?

 

Luego de esa primera inquietud nace una especie de admiración y seducción por la vida que llevan los religiosos, lo que motiva a acercarse a conocer más de cerca, a participar más activamente en la iglesia hasta el punto que tu familia te dice la famosa frase: "solo falta que te lleves la cama a la iglesia".

 

Es en este momento en que lo que comenzó como una duda se transforma en un deseo (segunda etapa), en desear entregar tu vida al servicio de Dios. En esto hay una gran certeza: los deseos del corazón son presagios de Dios al alma, Él te hará desear lo que Él mismo te regalará.

 

Cuando ese “deseo” es muy fuerte y se quiere dejar todo por seguir a Cristo, comienzan a aparecer los miedos (tercera etapa): ¿mi familia estará de acuerdo?; ¿y si después me arrepiento?; ¿esto será realmente para mí?

 

Y así múltiples miedos que dependen de cada persona. En gran parte de los casos el “miedo” hace que el joven se aleje e intente no escuchar la voz que lo llama. Hay quienes logran silenciar dicha voz por mucho tiempo, pero tarde o temprano volverá.

Sin embargo, en la vida de algunos, Dios comienza a ser más fuerte y a golpear cada vez más en la puerta del corazón... “Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap. 3, 20).

 

Para abrir la puerta de nuestro interior a su llamada hace falta un salto de fe(cuarta etapa), pues nadie ni nada te podrá asegurar que te irá bien, sea en este o cualquier otro camino. Solo la confianza en Dios y la oración te darán las energías para dar ese primer salto, abrirle la puerta, cenar con Él y comenzar una vida juntos

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