Editorial Metalúcida

 

 

 

 

Aprovechamos la Feria del Libro para tener una hermosa charla con Sandra Buenaventura (directora editorial) y Fedra Spinelli (prensa y difusión) de la editorial Metalúcida. Hablamos acerca de cumplir sueños, el deseo que provoca la lectura, el mercado editorial, la traducción y la pasión que se evidencia cuando nos cuentan sus proyectos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Booklosophy: Leímos que para ustedes la literatura es como un sueño y que pueden imaginar a través del autor.

 

Sandra: Sí, lo del sueño vino por lo de Borges, “la literatura es un sueño dirigido”. Y es cierto. Existe esa parte de ensoñación y sobre todo de deseo. Qué es lo que genera deseo. Para mí un texto es deseo. Si me genera ese deseo, entra en la editorial. Todo funciona así, incluso los autores que leo por fuera, que me interesan, es a partir del deseo. ¿Se puede decir que es intuición, que está ligado con la intuición? Sí, seguramente. Me gusta eso: intuición, deseo, sueño.

Fedra: Esto lo hablamos varias veces porque cuando me sumé el año pasado le pregunté: “¿Cómo elegís?”. Porque caen manuscritos todo el tiempo. Ella me decía que le tiene que pasar algo, tiene que sentir deseo, pero además es casi erótico. Tiene que generarle como una líbido, un movimiento en el cuerpo y te tiene que pasar en el inicio también. Hay historias que están muy bien, y que tal vez están muy bien para otra editorial, pero no para esta.

S: No hay esa corriente de deseo.

F: Claro, y hay algo que irrumpe, ¿no? Hay algo que está corriendo el eje. Porque el deseo, en el caso de Sandra, es lo salvaje, lo que no puede contenerse. Y cuando terminé de leer el catálogo dije claro, ahora entiendo desde dónde elige ella. Cuando me lo contó, hizo el gesto de que le pega en el estómago, más que estómago diría donde reside lo visceral.

S: Me gusta eso de literatura y líbido. Si no hay una corriente libidinosa, no hay para mí lectura. No hay un seguimiento, no hay un más allá, no hay nada. Entonces la editorial es eso: deseo, sueño, líbido.

 

B: ¿Y la editorial cómo empezó, hace cuánto?

 

S: Metalúcida empezó en verdad en 2013, ahora se cumplieron 5 años del momento en que salieron los dos primeros libros. Hablando con Pablo (Forcinito) me dijo: “¿Cuál es tu sueño?”. “La verdad, tener una editorial”. Cuando estaba en París, viví muchos años allá, siempre veía las independientes argentinas, alguna que llegaba. Y siempre era una cuestión de deseo. El deseo por esas editoriales argentinas a las que podía acceder de tanto en tanto. Y a partir de eso, me dijo: “Dale, lo hacemos”. Y fue así, enseguida. Fue “Metalúcida” porque hablando con mi tía, que ya no está, no sé qué dijo, y yo corté el teléfono y dije: “Ay, qué metalúcida que es mi tía Bety”. Y quedó porque estaba buscando un nombre para un blog que tenía: La vida metalúcida de B. Ya no existe, pero la B era de Bety y de Buenaventura.

Fue un paso enorme abrir en 2013 una editorial en Argentina.

S: Sí, además hacía dos meses que había llegado. Viví 17 años en París y un montón en España, me fui de chiquita.

F: Sos casi una extranjera.

S: ¡Sí!

F: Por eso, si no es un fuego que te quema la cabeza como le pasó a ella, no lo hacés. No solo son palabras, es cómo se hizo. Es tener un sueño afiebrado y decir lo hago y listo.

B: Sí, es con pasión o nada.

S: O nada. Si empezás a mirar fríamente… No, tiene que ser así. Yo quiero vivir la vida así, de una manera salvaje. Yo nunca trabajé en editoriales, estudié Letras en París, nada más. Pero no tenía un bagaje de haber estado en una gran editorial, así que fue empezar.

B: Aprender el oficio.

S: Sí, y sin ningún miedo además. Se aprende y se hace. Fue así: el nombre de la editorial, ver el diseño de tapas que nos reunimos con el Estudio Trineo, les dije más o menos lo que quería y enseguida nos lo presentó.

 

B: Y algo que llama la atención de la editorial es que siempre lo que se destaca es el apellido del autor o la autora.

 

S: Eso lo tenía muy en claro. No quería que el nombre del autor quedara perdido, quería restaurar el lugar del autor que siempre está chiquitísimo.

F: Tiene que ver con que desde la editorial se quiere generar una política de autor. Traer autores, acompañarlos con toda la obra que se pueda, crear una figura, sostenerlo, acompañarlo, crear un vínculo a largo plazo. A veces hay autores que publican en una, al otro año enseguida están en otra y hay un montón en el que entiendo esa necesidad de publicar, pero me parece que es contraproducente. Aparte hoy se está publicando todo todo el tiempo, entonces a veces hay que pensar un poco más cómo querés trabajar tu obra, si realmente está para publicar, si está, con quién lo vas a hacer. No es solo “tiro tantos ejemplares y después me buscan en librerías”. Me parece que hay un laburo mucho más profundo y acá también es donde me sumo yo en lo comercial, en la promoción, porque buscar una editorial linda que te imprima es un objetivo de primera, pero tiene que haber algo más. Esto lo pienso en relación con los autores, a veces solo quieren sacar lo que tienen adentro y no están armando una estrategia. No lo podés hacer solo, obviamente, para eso están los editores. El autor solo no puede porque tiene su propia psiquis. Es un vínculo que uno crea con la editorial y es un vínculo de respeto mutuo.

S: La editorial no es un trampolín para llegar a una multinacional.

F: Eso ha pasado mucho con las independientes. Las multinacionales no editan primeros autores, van a lo fijo, no se arriesgan, agarran autores que tienen varias publicaciones con editoriales chicas. Ahora, el riesgo lo corrió la chica. Cuando el autor ya es grande, viene la multinacional, le pone un cheque enorme y se lo lleva. Es bastante injusto. Estaría bueno que los autores piensen qué están canjeando.

S: Nosotros no estamos en ese lugar de trampolín. Tiene que haber un respeto. Hay un doble discurso de apoyamos las independientes, pero después se rinden ante las grandes editoriales.

F: Hoy la independiente no tiene apoyo estatal, ni particular. Entonces es bastante cruel. Entonces no es enojo, pero hay que pensar a largo plazo.

S: No, no es enojo, pero es una posición firme. No somos los que hacemos el pase.

F: Hay que pensar bien para qué se publica. Cuando la conocí a Sandra lo que me fascinó, me deslumbró, es que es superprofesional para trabajar, el catálogo tiene la mitad de autores argentinos y la mitad son extranjeros con traducciones. Autores extranjeros que no son conocidos. Ella fue buscando con su olfato e intuición a ver quién podía ser: Leye Adenle, Cicero, que me parece enorme, Matías Correa, el chileno.

 

B: Te iba a preguntar. Tenés a Adenle que es nigeriano, a Correa que es chileno, a un estadounidense de Ohio. Hay autores de todo el mundo. ¿Cómo llegás a ellos?

 

S: En el caso de Noah Cicero, estaba leyendo una entrevista en un periódico español y hablaban de esta novela. Decía que no estaba la traducción y me interesó mucho la entrevista, y dije esto debe estar buenísimo. No sé de dónde saqué el email de Noah y le escribí. A la media hora me respondió y me dijo que sí. Fue muy fluido y ahora vamos a publicar una segunda novela el año que viene. Con Leye Adenle fue a través de una editora francesa, porque primero salió la traducción francesa de su novela con la que ganó el Premio Marianne. La editora me dijo vamos a publicar a este autor nigeriano que a vos seguro te encantaría. Y ella me contactó con Leye y su agente. Leye me mandó el PDF, la leí, me encantó y también fue muy fluido. Matías Correa fue a partir de un escritor de acá, un cuentista argentino que me dijo te va a encantar esa novela, me contacté con Matías y así fue.

F: Con Edmundo Paz Soldán, por ejemplo, la edición del libro de cuentos Las dos ciudades es de Sandra, no existe en otro lado.

S: Hice la antología de toda su cuentística, desde 1994 hasta 2012. De más de 200 cuentos elegí 54.

 

B: ¿Y a ustedes les llegan manuscritos, propuestas? ¿Qué cantidad reciben?

 

S: Sí, todo el tiempo. Puedo recibir entre 10 y 15 por semana. Antes respondía más, ahora ya no puedo. Porque es imposible. Aparte no leés, las lecturas generalmente son del primer párrafo, una página, a veces tres líneas y ya está. Cuando llego al final de una novela es porque voy a publicarla.

 

B: ¿Cuán importante es para ustedes esa primera página de cualquiera de los libros que publican?

 

F: Esto de la seducción entra por ahí. Algo te impacta al inicio, no te puede impactar a la página veinte, no llegaste. Hoy hay una obscenidad de cosas, todo te estalla en los ojos. Vos vas a ir a lo que te atrae y el criterio de primera lectura tiene que ver con eso.

S: Es como decías vos sobre 17 kilómetros. El primer párrafo y ya está. La seducción está ahí.

F: Todo el párrafo del gen instala un asunto que por supuesto va a desarrollar. Está en el primer párrafo. Funda el inicio. Es la fundación de la novela, si vos no entrás por la puerta grande con todos los tambores… Es difícil que alguien se torture teniendo bibliotecas estalladas, que diga “No, voy a llegar a la página 50 a ver si mejora”.

S: Constantino Bértolo fue editor de Caballo de Troya y hace como tres años estuvo acá en una entrevista con Ignacio Boido, y dijo: “El mejor editor es el que no lee”. Y habló de la intuición, por qué se llega a ese momento de intuición. Llegar a ese momento tal vez sean años de muchísimas lecturas, de experiencia, y se concentra en ese momento en el que vos decís sí o no a un manuscrito. Me pareció genial. Es que no tenés que leer todo el libro. En ese momento se condensa toda tu experiencia, tus lecturas, para decir esto sí, esto no.

F: Lo viene diciendo ella desde que empezamos: es intuición. Y hoy que todo el mundo publica, que hay millones, la única manera es cerrar los ojos y confiar en tu intuición. Lo mejor es pulir la intuición, dejar que esa información baje.

S: No hay mucha vuelta. Me pasó con Mariana Travacio (Como si existiese el perdón), con Santiago La Rosa (Australia), con Matías Amoedo (Noche en la playa encendida), en realidad con todos. Con Daniel De Leo ni siquiera lo imprimí. En pantalla. Me quería ir a dormir y empecé a leer por curiosidad. “Voy a leer el primer párrafo”. Leí hasta el final. Ya está, no lo pude dejar. Cuando pasa eso es magia. Esto es para la editorial, esto lo quiero publicar, lo quiero defender a fondo. El de Daniel De Leo es un libro de cuentos, lo amo. Los 12 cuentos son potentes. Se titula Qué sueños dorados sueña toda esta gente y está atravesado por un conurbano melancólico de los setenta y ochenta, y el sur de los Estados Unidos. Al final hay un cuento sobre Flannery O’Connor.

 

B: Soñaste con la editorial y ya existe, ¿qué esperás de acá en adelante para Metalúcida?

 

S: Crecer, crecer y crecer. Con Fedra. Y disfrutarla. Posicionarnos cada vez mejor. Somos ambiciosas en el buen sentido.

F: Cuando yo le pregunté qué quería con Metalúcida, Sandra me dijo: “Yo quiero que cuando piensen en nosotros piensen en una editorial que trae la nueva literatura actual, que arrojemos autores nuevos en un escenario que no está todavía inventado”.

S: Somos pequeños, pero nada que envidiarle a las grandes.

F: Progresivamente, no queremos comernos ningún escalón, pero la sensación de pensarnos profesionalmente, por eso tener estas conversaciones, este contacto con nuestros autores. Que estén tranquilos que no es que publicamos y nos vamos a dormir. Estamos atrás de todo el catálogo. Ya publicamos 12 libros. Esto nos quita el sueño, estamos las 24 horas pensando en esto. “Hagamos las cosas bien” es algo que decimos todo el tiempo.

 

B: Ahora sacaron la Trilogía de Paraná.

 

S: Sí, él no pensaba sacar una trilogía cuando empezó, pero los lectores fueron pidiendo más. Es muy poderosa, es muy fuerte. Te va a encantar.

 

¡Gracias Sandra y Fedra!

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