Nadie pintó a los ángeles como Phoebe Anna Traquair

Anabel Alcázar Llamas

 

Desde hace algunos años, la historia del arte se está encargando de desenterrar y desempolvar a todas aquellas mujeres que formaron parte del movimiento prerrafaelita. No fueron pocas, y así lo que demuestra la celebración de exposiciones como Pre-Rafaelite Sisters, en la National Gallery de Londres o la publicación de libros como Pre-Raphaelite Girl Gang. A pesar de que las figuras de Rossetti, Millais o Hulman parecen ocupar todo el espacio en un movimiento que ya de por sí fue escaso en duración y concreto en territorio (pero increíblemente prolífico), sus contemporáneas empiezan a abrirse paso: Evelyn de Morgan, Marie Spartalli Stillman o Joanna Mary Boyce figuran ya entre los artistas reconocidos de este periodo. Sin embargo, estas referencias no estarían completas sin una figura más, que destaca por la calidad, potencia, belleza y originalidad de su obra.

Phoebe Anna Traquair nació en 1852, en Irlanda, y es la autora de una de las joyas más desconocidas del siglo XIX: la llamada 'Capilla Sixtina de Edimburgo'. Fue la sexta de siete hijos en una familia bien posicionada de Dublín y estudió Arte en la Royal Society, animada por sus padres, donde ganó un premio por copiar antigüedades. Así conoció al que sería su marido, Ramsay Heatley Traquair, catedrático de Zoología, cuando este la contrató para ilustrar sus trabajos de investigación. Se casaron en 1873 y un año después se mudaron a Edimburgo.

Durante esta década, sus primeros trabajos se centraron en el bordado, los paisajes en acuarela y la iluminación de textos. Sus inclinaciones artísticas siempre se orientaron hacia las mal llamadas artes menores o decorativas, carentes del prestigio artístico de la pintura de caballete. Phoebe mantenía un perfil que podría llamarse doméstico, centrada en su hogar y dedicándose a la creación pero sin fines profesionales. Aún así, poco a poco empezó a hacerse conocida en Escocia por los encargos que le ofrecían en revistas, con diseños de portadas e ilustraciones para el interior. En 1887, diseñó la cubierta de Women's voices, una antología de mujeres poetas editada por Elizabeth Sharp y publicada por Walter Scott en Londres.

Traquair tenía “prohibido pintar” y la capilla se realizó en las “horas robadas” a sus quehaceres domésticos. Se entiende que esta prohibición provenía de su marido, el cual sospechaba que su faceta como artista provocaría el descuido de su deber como madre y esposa.

 

Aunque su primer encargo importante le había llegado dos años antes. En 1885 se formó la Social Union de Edimburgo con el objetivo de transformar las vidas de las clases populares a través del arte, la música y la creación de entornos naturales. Uno de los primeros objetivos de la Unión fue un programa de decoraciones murales en edificios públicos. Entre ellos, la capilla mortuoria del Royal Hospital for Sick Children, que servía como un tanatorio para los niños fallecidos en el hospital, por lo que el encargo exigía un planteamiento “nada extravagante o muy decorado”. La Union consideró que Phoebe, que ya era madre de sus tres hijos en aquel año, dispondría de la sensibilidad necesaria para un lugar así. Para los murales utilizó referencias del Nuevo Testamento y colores primarios y dorados, herencia de sus manuscritos iluminados. En el mural central aparece la Virgen con el Niño rodeados de ángeles, mientras que en la pared de enfrente pinta tres ángeles femeninos que sostienen globos que escenifican el viaje del espíritu. En este primer mural, Traquair ya deja claras sus referencias a los murales italianos y la influencia de la estética prerrafaelita.

Sin embargo, ella no se consideraba a sí misma una artista profesional. Según una carta que W.B. Yeats envió en 1906, Traquair tenía “prohibido pintar” y esta capilla se realizó en las “horas robadas” a sus quehaceres domésticos. Se entiende que esta prohibición provenía de su marido, el cual sospechaba que su faceta como artista provocaría el descuido de su deber como madre y esposa. Además el pago de este encargo solo llegó a cubrir los gastos de la pintura, por lo que su trabajo seguía siendo algo privado y carente de retribución.

Poco después de terminar la capilla, Traquair comenzaría sus bordados más famosos bajo el nombre La salvación de la Humanidad, en los que desarrolla ideas que ya había bosquejado en la capilla. Es un tríptico, y cada uno de los tres bordados le llevó entre 18 y 20 meses de elaboración. En conjunto, narran el juicio de las almas tras la muerte y la redención, eco de la iconografía utilizada en la capilla.

 

UN PROCESO DE CREACIÓN QUE DURÓ 9 AÑOS

En 1889, Phoebe viaja por primera vez a Italia y este viaje se convierte en una absoluta revolución en sus influencias estéticas: la pintura y escultura toscanas la entusiasmaron profundamente. Fra Angelico y Botticelli serían, a partir de entonces, potentes referentes en su producción de murales. Tras su trabajo para la Union, a Phoebe se le encargó la decoración de otro edificio, esta vez una Escuela de Canto adjunta a la catedral de Santa María. Sin embargo, miembros del comité de la Union deseaban hacerle a Traquair un encargo de mayores dimensiones. Para ello, y después de valorar diferentes edificaciones de la ciudad de Edimburgo, en julio de 1892 se escogió la Iglesia Católica Apóstolica de East London Street. Esta iglesia, del tamaño de una pequeña catedral, se erigió en estilo neo gótico a finales del siglo XIX, y se encontraba sin adornar, por lo que disponía de espacio suficiente para que Phoebe desarrollase un proyecto de decoración mural mucho más ambicioso que los anteriores. En una carta, Morris cuenta como la artista quedó impresionada al entrar en la iglesia mientras se celebraba un servicio. La música del órgano resonaba entre los muros desnudos, y ella se acercó al Decano diciendo: “Quiero pintar estas paredes”.

 

Vista general del arco de cabecera

A pesar de las peticiones del comité, que le exigió un boceto de su proyecto, Phoebe comenzó a bosquejar directamente en las paredes. Esto le permitirá trabajar con frescura, dejándose inspirar por la luz de la iglesia y siguiendo su instinto. Hacía cambios dependiendo de la luz, aplicaba el color en diferentes momentos del día para evaluar el efecto, y como ella misma afirmó en una carta a Willie Moss “el color que aplico un día, ya no me vale al día siguiente”. Cambiaba personajes de sitio, y los pocos bocetos que se conservan no tienen nada que ver con el resultado final. La forma de trabajar de Phoebe era orgánica, adaptándose a la respiración del edificio y a los propios impulsos de su imaginación, pero a la vez muy perfeccionista y detallista, lo que le llevó a rehacer su trabajo constantemente a lo largo de los nueve años que duró el proceso.

La sección más importante de la iglesia era, tanto para Traquair como para sus patrones, el arco de la cabecera, de 22 metros de alto. Este arco enmarca el presbiterio, se orienta hacia la congregación y está dividido en tres secciones. En la parte inferior aparecen los Cuatro Seres Vivientes: estas figuras, a las que se nombra en el libro de Ezequiel y en el Apocalipsis, tienen cuatro caras (león, becerro, hombre y águila) y seis alas. No hay que confundirlas con los cuatro evangelistas, con los que comparten representación zoomórfica, porque estos no tienen alas. Son una parte importante del coro angélico debido a su proximidad al trono de Dios y su función principal es conducir el culto y la adoración, ya que no paran de repetir: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir”. Por encima de la sección de los Cuatro Seres Vivientes encontramos cuatro querubines atravesados por un arcoíris, que simbolizan los cuatro tipos de ministerio dentro de la Iglesia, con los correspondientes colores: el evangelista, de rojo; el apóstol, de dorado; el profeta, de azul y el pastor, de blanco. Y por último, en la parte superior del arco aparece representado la Adoración del Cielo, con los ángeles trompeteros propios de la iconografía apocalíptica. De esta forma, al entrar el espectador empieza a prepararse: los ángeles, los ministros y las trompetas conducen su espíritu, que viajará a través de las imágenes de la iglesia para entender que la Segunda Venida está próxima.

 

Detalle de los Cuatro Seres Vivientes

En la parte opuesta de la iglesia se encuentra el complemento a este arco. La pared del vestíbulo, en la que se está el rosetón se divide en dos escenas. La parte inferior, a modo de franja, narra el Amor de Dio en tres partes: en los círculos laterales, un pastor entrega su corazón a un ángel, que a su vez lo libera de la pesada carga que lleva a sus espaldas. En el centro, la Pentecostés (o llegada del Espíritu Santo tras la resurrección de Cristo). Habitualmente, en esta escena solo aparecen representados los doce Apóstoles. Sin embargo, aquí encontramos un personaje femenino, que podría identificarse con María Magdalena pero que en realidad es un autorretrato de Phoebe: una manera de incluirse a sí misma en todo el programa decorativo, diciendo adiós al visitante que abandona el templo. Y en la parte superior, el eje de todo el programa iconográfico de la iglesia: la Segunda Venida de Cristo. Este aparece rodeado de putti o angelotes, en medio de un bellísimo cielo azul con nubes. Los ángeles dan la bienvenida a las almas que suben al cielo y un coro de almas con ángeles trompeteros terminan la escena por arriba. Aquí, Phoebe incluyó retratos de miembros de la congregación que celebraba los servicios en esta iglesia.

Vista general de la pared del vestíbulo y detalle del autorretrato de Traquair

La nave central está dividida en dos secciones. La pared norte contiene las escenas del Nuevo Testamento (desde la Anunciación hasta la Pentecostés, pero sin mostrar la Crucifixión) mientras que en la pared sur se encuentran las escenas del Antiguo Testamento. Con una clara inspiración en el Quattrocento italiano, las escenas se representan de forma individual y en el orden narrativo. A ambos lados de la cabecera hay dos pequeños pasillos, que se utilizaban a modo de capillas, y que también fueron incluidos en el programa decorativo. En ambos pasillos la pintura ocupa la totalidad del espacio. Esta zona es especialmente importante porque Phoebe viajó a Italia en el mismo año en el que se encontraba inmersa en su elaboración, por lo que las influencias italianas son más evidentes. Además, el hecho de ser una capilla le permitió una libertad mayor a la hora de plantear los temas y su desarrollo, utilizando figuras femeninas para la descripción de algunas parábolas. En el pasillo sur incluyó temas iconográficos de un carácter más secundario, como la parábola de las Diez Vírgenes.

 

Phoebe interpreta los textos bíblicos con absoluta originalidad e imaginación, mezclando referencias teológicas y estéticas que dan como resultado un espacio que envuelve al creyente y eleva el espíritu.

 

Como ejemplo de cómo Traquair concebía su pintura como un arte total, al servicio de la belleza y la fe, puede tomarse la pequeña capilla que remata este espacio. En esta zona se colocaba un altar, iluminado por velas. En el techo aparecen los seis días de la Creación del mundo representados como seis serafines con los brazos hacia el cielo y en colores brillantes. Estos ángeles disponen de leyendas a sus pies, que remiten al objeto de su creación (Sol y Luna, montañas y colinas, etc) y se encuentran en un escenario onírico en el que se mezclan el día, la noche, el mar y la tierra. Phoebe interpreta los textos bíblicos con absoluta originalidad e imaginación, mezclando referencias teológicas y estéticas que dan como resultado un espacio que envuelve al creyente y eleva el espíritu.

Interior de la capilla

UNA JOYA ÚNICA

La calidad de sus murales, la originalidad en el planteamiento iconográfico, el uso del color, la tridimensionalidad de los materiales hacen de esta iglesia una joya única . Y sin embargo, a finales del siglo XX, la iglesia cayó prácticamente en el abandono por parte de las instituciones, que la dejaron languidecer y deteriorarse. En 1993 se formó la Mansfield Traquair Trust, una asociación que se encargaría de recaudar fondos para restaurar el edificio y sus murales y encontrar un nuevo uso al espacio, que ya no servía como iglesia. En 2003 comenzaron las labores de restauración y se alargaron durante dos años y medio. Desde entonces, el edificio tiene uso privado y se alquila para eventos. ¿Y qué hay de la obra de Phoebe? El edificio abre al público la friolera de una vez al mes, y de forma gratuita. Ese domingo, una serie de voluntarias hacen tours a los pocos visitantes que acuden a ver los murales, mientras venden postales, libros y llaveros en la puerta para sufragar los gastos de conservación. ¿Ocurriría lo mismo si el autor de esta obra fuese un hombre? ¿Estaría supeditada una de las obras artísticas más valiosas de Escocia a la venta de unos pocos llaveros, sin apenas publicitar, con menos de 50 visitantes al mes?

En realidad, el hecho de que Phoebe Traquair no haya pasado a la historia del arte como una figura destacada se debe a muchas razones. En primer lugar, la ausencia de obra pictórica móvil y su entrega a las artes menores -una clasificación que siempre tiene implícita una connotación peyorativa, pues que desde sus orígenes las artes menores o artes decorativas están vinculadas al hogar y a la figura de la mujer-. En segundo lugar, Traquair se encontraba en Escocia, fuera del centro cultural que era Londres, y manteniendo contacto con figuras de la escena solo a través de su correspondencia. Y por supuesto, Traquair fue una mujer, lo que implicaba casi sin oportunidad de elección la presencia de un marido e hijos, manteniendo la creación artística siempre en un segundo plano.

Pero lo que es seguro es que fue una mujer que no paró de crear durante toda su vida, y con una creatividad al alcance de muy pocos. Una mujer a la que no le importó el soporte: bordado, joyería, murales, ebanistería, pero que se mantuvo en los márgenes para poder ser más libre. Y hay una última cosa que es segura: nadie pintó a los ángeles como ella.