• GRF-LatAm

¿Una sociedad civil y una filantropía con carácter regional?

 

 

 

 

 

 

 

María Carolina Suárez Visbal

Octubre 17 de 2018

 

 

En América Latina aún carecemos de reuniones regionales donde se fortalezca el conocimiento en temas de filantropía e inversión social y que acerque a actores de distintos sectores de la sociedad civil para multiplicar las alianzas y el impacto de nuestras acciones.

 

Esto, precisamente, es lo que me motiva a trabajar en la promoción de redes y que coincide con los dos proyectos actuales en los cuales tengo el privilegio de participar. Por un lado, la red que el International Venture Philanthropy Center -IVPC- está impulsando para ayudar incubar en América Latina y, por otro lado, el Grupo Regional para la Filantropía Latinoamericana, GRF-LatAm (por sus siglas en español).

A pesar de la observación anterior, frente a los pocos eventos e iniciativas regionales, debo destacar que durante el pasado mes de septiembre tuve la oportunidad de asistir a dos eventos que reunieron a actores de la región.

 

El primero de ellos tuvo lugar en Lima, en el marco de los XIV Encuentros Iberoamericanos de la Sociedad Civil, un movimiento que se creó hace 25 años y que desde realiza un evento cada dos años. Por otra parte, en Quito, participé en la Primera Cumbre Latinoamericana de Inversión de Impacto que organizó NEXUS junto con CLIIQ, una entidad que promueve la inversión de impacto en Ecuador.

 

En los Encuentros se trabaja para fortalecer participación de la sociedad civil en la construcción de lo público y la vinculación armónica con el sector privado, sumando oportunidades para lograr el desarrollo sostenido de cada una de nuestras sociedades, revisando temas relevantes para nuestros países en materia de la participación de la sociedad civil. A la luz de este propósito, tuvimos la fortuna de contar con expertos conocedores de la materia, donde pudimos ratificar que aún tenemos mucho por avanzar, en especial en aquellos países como Venezuela y Brasil que están viviendo momentos políticos bastantes complejos. De ahí que se haya destacado que es el momento de “repensar el actuar de la sociedad civil en Iberoamérica para ser líderes impulsores de los cambios necesarios para lograr un desarrollo sostenible, inclusivo y competitivo”.

 

En el marco de los Encuentros en Lima, tuve oportunidad de moderar el panel “Fundaciones y Asociaciones Comprometidas con el Desarrollo Sostenible”, con la participación de actores muy reconocidos en el mundo de la filantropía, como Vicente León, vicedecano de Economía de la Universidad del Pacífico; Margareth Florez, directora ejecutiva de RedEAmérica; Juan Andrés García, director de la Asociación Española de Fundaciones y Gustavo Bernardino, coordinador de políticas públicas de GIFE.

 

Fue un panel muy rico en materia de discusión. En este panel debatimos si el concepto de desarrollo sostenible se circunscribe a los ODS y a la agenda propuesta por la ONU o si, por el contrario, es un concepto más amplio y cada actor o región lo puede apropiarlo bajo su mirada e intereses. También discutimos la comprensión del sector fundacional frente al desarrollo sostenible.

 

En el Panel no llegamos a una conclusión única frente a estas preguntas, pero si entendimos que las fundaciones como actores de la sociedad civil tienen un rol fundamental en promover cambios sistémicos que involucren las voces de distintos actores y con un objetivo claro de promover transformaciones sociales y donde evidentemente las alianzas juegan un rol fundamental. Es acá también donde el IVCP y el GRF se enfocan en trabajar y lograr esos cambios sistémicos.

 

Luego de ahí, una semana después, viaje a Quito a la Cumbre Latinoamericana de Inversión de Impacto. NEXUS tiene como foco reunir a los “next generation philanthropists”, sumado con el foco de CLIIQ que reúne a inversores de impacto y emprendedores sociales de la región, con especial énfasis en la Región Andina.

Por supuesto, Lima y Quito reunieron públicos totalmente distintos. En Lima era un encuentro de personas senior con un amplio bagaje en temas de sociedad civil y, en Quito, jóvenes que tienen un espíritu inmenso por promover cambios sociales con la energía propia de la juventud a través de la inversión de impacto.

 

Resalto de la agenda de Quito los temas de sostenibilidad y la Amazonía que se incluyeron, así como el haber traído a la agenda las nuevas tendencias de la filantropía y la inversión social.

 

En Quito se presentó la iniciativa que el International Venture Philanthropy Center está promoviendo para incubar una red multisectorial, integrada por proveedores de capital, entendido en sentido amplio, liderada por latinoamericanos para América Latina y capturando todo el conocimiento y experiencias positivas de redes similares en Europa y Asia. Fue gratificante ver el interés del público en esta iniciativa.

 

Rescato, en ambos eventos, el inmenso esfuerzo de sus organizadores en congregar actores de la región, lo cual no es nada fácil. Pero ratifico que aún existe una oportunidad inmensa para seguir trabajando por fortalecer los esfuerzos regionales, fortalecer el conocimiento, integrarnos más, lo que implica no solo reunir un grupo de amigos o de afines de pensamiento -next gen, seniors o fundaciones, sino también convocar encuentros que nos permita acercarnos con distintos actores de diferentes sectores de la sociedad, distinta procedencia y pensamiento político para pensar conjuntamente y con miradas complementarias cómo vamos a superar los problemas que hoy enfrenta nuestra región y el mundo.

 

De igual manera, valorando los programas en ambos eventos, si quisiera poner sobre la mesa mi preocupación por no haber tratado en la agenda de ambos eventos la grave situación de inmigrantes de Venezuela que están recorriendo los Andes, de Colombia hasta Chile dejando sus raíces y exponiéndose a situaciones tan lamentables como el hambre y hasta la muerte en medio de ese camino.

 

En Colombia vivo día a día ver la tristeza de venezolanos en las calles, pero me sorprendió ver la cantidad de conductores de UBER, meseros, porteros y otros profesionales de origen venezolano que se rebuscan la vida en Perú, Ecuador, por no mencionar también lo que pude ver en Chile en agosto. Es desconcertante escuchar sus historias de “desplazamiento” y sobrevivencia, con la esperanza de un cambio pronto en su país que les permita regresar a compartir con sus familiares que aun continúan en Venezuela, y que por lo general se trata de sus padres y abuelos.

 

Percibo que aún no somos lo “suficientemente” conscientes como Región de esta situación de inmigrantes y me pregunto: ¿no será el momento para actuar como latinoamericanos desde la Sociedad Civil y la Filantropía, con una voz decidida ante esta situación que se nos está escapando de las manos?

 

Este fue un tema que lamenté no ver sobre la Agenda en los dos últimos encuentros que participé y que veo como una necesidad regional desde la cual el GFR-LatAm, conectando filantropía y nuestro rol en promover acciones sistémicas, también puede contribuir a prender alarmas e integrarnos a trabajar.

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